El estrés laboral, ¿cómo afrontarlo?

El estrés laboral es un fenómeno cada vez más frecuente, cuyas consecuencias se reflejan tanto en el ámbito individual, afectando al bienestar físico y psicológico de las personas, como en el ámbito organizacional, deteriorando la propia salud de la empresa.

La repercusión del estrés laboral a escala individual supone un deterioro para la salud tanto física como psicológica. Sus manifestaciones son múltiples y diversas. Además del agotamiento físico y mental, los síntomas pueden ir desde la irritabilidad a la depresión. Este deterioro padecido por los individuos que forman parte de la empresa repercute negativamente en el óptimo funcionamiento de la misma, disminuyendo la satisfacción laboral y, por tanto, la productividad.

Las consecuencias del estrés laboral para la empresa son las bajas laborares, el absentismo, la falta de motivación, la incapacidad para tomas decisiones y para manejar con éxito situaciones difíciles, deficiente organización del tiempo, etc. La propia Organización Mundial del Trabaja afirma que el estrés laboral es una “enfermedad peligrosa para las economías industrializadas y en vías de desarrollo; perjudicando a la producción, al afectar a la salud física y mental de los trabajadores”.

Causas del estrés laboral

Al igual que sus manifestaciones y síntomas, las causas del estrés laboral son múltiples: carga de trabajo excesiva; niveles de responsabilidad que ponen a prueba la capacidad del individuo; relaciones sociales insatisfactorias en el entorno de trabajo; mala planificación de turnos u horarios; etc. En los casos más graves se da una combinación de varias de ellas.

Por otro lado, especialmente en los últimos años, la evolución del escenario laboral presenta una gran complejidad en cuanto a la cantidad de factores que pueden estar afectando a la calidad del trabajo final. Estos cambios tan radicales, que a su vez suponen variaciones en las funciones y objetivos de los trabajadores, tienen lógicas implicaciones, tanto a nivel personal, como en la rentabilidad de la empresa. El ajuste a estas situaciones depende de: la capacidad de aprendizaje, la edad de los individuos, las características de personalidad, el nivel de motivación, factores intelectuales, capacidad de adaptación a situaciones nuevas, etc.

Formas de enfocar la interacción disfuncional

• Modificar el ambiente, para que el individuo se adapte mejor.
• Modificar variables del individuo para que se adapte al ambiente.
• Trabajar sobre ambos.

Dado que la posibilidad de hacer cambios en el ambiente es muy limitada, la mejor propuesta es hacer cambios en el individuo, cambios que reduzcan la activación fisiológica, cambios a nivel psicológico y cambios en su comportamiento, que le faciliten la adaptación.

 

Fotografía de: Nik Shuliahin