¿Existe la depresión en los niños?

por | 15 Nov, 2019 | Infancia

Muchos autores a lo largo de la historia han rechazado la idea de que en los niños pueda darse depresión al asumir que éstos no tienen responsabilidades ni preocupaciones pero por suerte o por desgracia, esto se aleja mucho de la realidad.

Cytryn y McKnew (1972) con la teoría de la depresión enmascarada arrojaron cierta luz a este debate asumiendo que la depresión infantil se manifiesta mediante “máscaras” como pueden ser un estado de ánimo irritable o apático, problemas de aprendizaje, etc.

También ayudó al reconocimiento de la depresión en niños y adolescentes, la evidencia de que los antidepresivos resultaban eficaces para otros problemas como el rechazo escolar en forma de fobia o ansiedad de separación, o la enuresis.

¿Cómo se manifiesta?

Las principales características son por una parte, estado de ánimo irritable y/o disfórico y por otra, pérdida de interés y/o disminución en la realización de actividades agradables que puede conducir incluso, a aislamiento social. El estado de ánimo irritable puede manifestarse con ataques de ira o ira persistente o también con intensa frustración. Al igual que en adultos (que sería su característica principal) pueden manifestar un estado de ánimo triste o desanimado. No obstante, puede existir un elevado “pasotismo” y quejas o molestias físicas.

Otros indicadores pueden ser la pérdida de apetito o el fracaso en lograr aumentos de peso esperables (con menor frecuencia se dan las ganancias de peso), las alteraciones en el sueño (produciendo en la mayoría de casos más insomnio que hipersomnia), las alteraciones psicomotoras (mayor probabilidad de agitación motora que de enlentecimiento), pérdida de energía o fatiga sin hacer grandes esfuerzos, sentimientos de inutilidad y de culpa excesivos, falta de concentración e indecisión, e ideación suicida.

¿Hay diferencias con respecto a la depresión en el adulto?

Por un lado, tenemos la diferencia en la manifestación, mostrando el adulto un estado de ánimo más apático o triste y el niño, mucho más irritable.
Por otro lado, en el niño predominan los sistemas psicofisiológico y motor, mientras que en el adulto además de los anteriores, adquiere gran relevancia el sistema cognitivo.

Del mismo modo, se considera que con la fluctuación y el avance en los menores, también las manifestaciones de la depresión se modifican. Shafii (1995) asegura que antes de los 6 años de edad, las quejas somáticas son las predominantes en este trastorno, sin embargo, a partir de esa edad se asemejan más a las características de la depresión adulta, a excepción de los problemas de conducta que en niños siguen estando muy presentes y no en adultos. Weiss et al. (1992) asumen que los síntomas en el adolescente son más interiorizados y de mayor intensidad.

¿De qué manera afecta al menor?

Existen importantes repercusiones en el desarrollo personal del niño y del adolescente, evidenciándose problemas en el rendimiento escolar y en sus relaciones sociales que puede provocar una dificultad en la adquisición de habilidades necesarias para su edad actual y por supuesto, cronificación del problema en el futuro.

Diversos autores han relacionado la depresión en el adolescente con el abuso de alcohol y drogas, conductas delictivas y agresivas y problemas de alimentación, entre otros. También es uno de los factores de riesgo para el suicidio.

Por tanto, es necesaria su detección temprana por parte de las personas más cercanas al niño/adolescente para llevar a cabo una adecuada intervención terapéutica y poder solventar esta problemática.

Fotografía: Kat J