El camino más corto a la felicidad mediante el altruismo

Todo el mundo sabe que ayudar a los demás es una de las fórmulas para alcanzar la felicidad. De hecho, muchas investigaciones acerca del altruismo lo corroboran. Sin embargo, esta teoría tiene algunos matices según un estudio dirigido por la psicóloga Jennifer Aaker, de la Universidad de Stanford, y publicado en el Journal of Experimental Social Psychology. Según este, lo que realmente nos hace felices es saber que realmente hemos ayudado a alguien y no solo que lo hemos intentado.

La mayoría de la gente piensa en la felicidad como una meta en sí misma, pero Aaker afirma que numerosas investigaciones han concluido que la manera de percibir la felicidad cambia sistemáticamente a lo largo de la vida, incluso a lo largo del día. Por ejemplo, los investigadores Sep Kamvar y Jonathan Harris, desarrollaron un algoritmo que peinaba la blogosfera para buscar frases como “yo siento” o “estoy sintiendo” y correlacionaron los sentimientos que expresaban las personas con otras palabras de los artículos de sus blogs. Los datos recopilados demostraron que, a medida que envejecemos, la felicidad está ligada a emociones diferentes. En general, cuando somos jóvenes nos decantamos más por el entusiasmo y según nos hacemos mayores valoramos más la tranquilidad. Según Aaker, este es un patrón muy sólido, dado que se ha corroborado no solo en los blogs, sino también a través de encuestas, experimentos de laboratorio y estudios de campo.

Lo que queda claro en todos los estudios es que, independientemente de qué emociones formen parte de la felicidad, esta está principalmente provocada por la consecución de propósitos y, uno de los más potentes es, precisamente, ayudar a los demás a ser más felices. Pero, como decíamos, hay algunos matices.

Perseguir objetivos concretos

El mencionado estudio de Aaker afirma que lo realmente importante para conseguir la felicidad es que nuestros actos altruistas persigan un objetivo concreto y que éste se cumpla. De forma que cuando perseguimos logros difusos nos creamos expectativas poco realistas, dificultándonos la consecución de la felicidad.

Así, cuando a la mitad de los participantes en el estudio les pidieron que salvaran el medio ambiente y a la otra mitad que reciclaran más, encontraron que aquellos que tenían un objetivo concreto (reciclar más) se mostraron más felices y seguros de sí mismos que aquellos que tenían un objetivo más general o abstracto (salvar al medio ambiente). En otro experimento, en el que se obtuvieron los mismos resultados, se solicitaba a una parte de los participantes que hicieran feliz a alguien y, a la otra, que consiguieran que alguien sonriera.
Por ello, los investigadores concluyen que el camino más corto a la felicidad consiste en proponerse de forma activa alcanzar objetivos concretos y realistas que ayuden a nuestra sociedad y a nuestro entorno, pues tendremos mayor probabilidad de tener éxito que si éstos son más abstractos.

 

Fotografía de: Inna Lesyk